Escrito el 05-10-2007
Archivado como (Cartas al Editor, Idolos del Astillero) Por Guayaquil

Soy un barcelonista. Creo que ya es hora de hacer una lectura profunda de lo que sucede en Barcelona. Debemos dejar de esgrimir declaraciones mezcladas de impotencia cuando nos cuestionamos por qué El Nacional gana campeonatos, por qué Liga de Quito tiene éxitos deportivos,  por qué  Danny Vera hacía goles en El Nacional y no pudo hacerlos en Barcelona;  por qué el Chino Gómez, Urrutia, Graziani dejaron Barcelona y fueron campeones con Liga de Quito.

Es simple. El Nacional y Liga son instituciones organizadas, con directivas que cuentan con el respaldo de sus hinchadas, que buscan el bien de sus instituciones, que desarrollan con trabajo un ambiente de familia  que cuida a sus futbolistas. Sus directivas tienen mayor peso en la FEF, sus presupuestos  son transparentes y no dependen de mecenas; tienen proyectos serios, visión de trabajo esforzado y responsable.

En los equipos del Astillero y concretamente en Barcelona, se ha vivido por años un ambiente de informalidad. Aun las estrellas que estuvieron por acá:  Kaviedes, Tin Delgado, D. Vera, W. Ayoví, L. Gómez, Urrutia o Graziani, vinieron a jugar casi artesanalmente: sin controles ni disciplina, y los resultados fueron negativos los últimos diez años. En Liga y El Nacional hay mayores y mejores controles, hay normas, mística ganadora, hay sed de gloria. Nada de esto se ve en Barcelona y por eso el mismo relleno humano que fracasa en Barcelona, en otros equipos consigue éxitos y campeonatos. No funciona más la excusa del peso de la camiseta, que aparentemente sufren algunos futbolistas.

Liga y El Nacional trabajan a largo plazo, hacen inversión seria y sostenida en divisiones inferiores, negocian frecuentemente con el exterior a sus jugadores y los colocan en Turquía, México, Inglaterra. Barcelona no negocia nada grande en mucho tiempo, la mayoría forman parte de proyectos de corto plazo que terminan dejando a Barcelona  desnudo y sin horizonte deportivo. La altura de Quito estuvo siempre allí y en muchas ocasiones Barcelona salió campeón. Esos hombres que lo consiguieron, vencieron estadísticas, vencieron los 2.800 metros de altura, vencieron hinchadas hostiles y marcaron una historia y un legado del que no estamos a la altura en estos momentos.

No le podemos echar la culpa al rival, al árbitro o la mala fortuna. Falta más trabajo, calidad y mística. En Ecuador hay planteles como Liga o Nacional que son superiores a Barcelona, pero que son ganables cuando a la falta de riqueza de plantel se le inyecta coraje y sed de gloria. Es tiempo de que en Barcelona nos callemos todos la boca, y nos pongamos a trabajar con humildad. No ganaremos partidos ni títulos solo con la camiseta, ni con cánticos de la hinchada, ni vanagloriándonos de la historia. ¡Es tiempo para mirar casa adentro y encontrar allí las razones de nuestros fracasos, y no hacer declaraciones del fútbol que practican los rivales! Veamos las virtudes de equipos contrarios exitosos e imitemos lo bueno. Elijamos directivas con proyectos serios de largo plazo, y técnicos que trabajen planes de largo aliento en ambiente de estabilidad que no lo amenacen malos resultados. Solo así veremos otro Barcelona consecuente con su historia y gloria.Nicolás Díaz Allauca,
Guayaquil

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