El primer día de Juan Ramón Silva al frente de Emelec fue muy agitado.
Aunque la práctica estaba prevista para las 08:30, el nuevo entrenador del club llegó a las 08:48 y luego de un breve diálogo con los jugadores, ordenó que el plantel se dividiera en cuatro grupos e hiciera trabajos en espacio reducido.
Su notoria cojera, producida por una artrosis en su cadera derecha, no le impidió observar de manera minuciosa cada movimiento de sus pupilos, entre los que se encontraban Armando Paredes y Michael Arroyo, quienes habían cometido actos de indisciplina en la víspera de su incorporación.
“Ese tema (el castigo a los jugadores) queda en manos de la directiva. No puedo decidir por algo que sucedió antes de mi llegada. Eso sí, desde ahora mando yo y no permitiré ningún brote de indisciplina, porque aquí lo más importante es Emelec”, sentenció Silva.
Casi dos horas después ordenó una práctica formal de 20 minutos, en la que fue delineando un posible once titular, integrado por Robert Angulo (Elizaga hizo un trabajo diferenciado, pero sí está apto para jugar); Luis Zambrano, Carlos Espínola, Juan Triviño, José Aguirre; José Luis Quiñónez, Gustavo Ruiz, Mario Leguizamón, Michael Arroyo; Marcos Caicedo y Gustavo Vassallo.
Silva no tuvo reparos en detener cuatro veces la práctica para corregir algunos movimientos del equipo, especialmente por el lado izquierdo, donde le exigió a Pepe Aguirre mayor velocidad al momento de hacer las coberturas a espaldas de los volantes de corte.
Más tarde, el estratega aclaró que la formación titular que ubicó ayer en Samanes no será necesariamente la que ponga ante El Nacional. “En Quito solo pueden jugar los que estén en excelente nivel”, concluyó.