Almeida renunció al Ídolo tras perder en el Monumental ante Espoli
Entre gotas de orina, cerveza, saliva, agua e insultos se marchó de Barcelona el técnico Éver Almeida, en una noche de descalabros en el estadio Monumental donde el humilde pero combativo Espoli le puso la lápida al ciclo del estratega uruguayo-paraguayo.
Fue como una película repetida de lo que ocurrió el pasado 19 de enero. Y es que Almeida, tal como llegó se fue del club torero. En la presentación del plantel 2008, el Ídolo perdió 3-1 ante el colombiano Independiente Santa Fe, y anoche, en el último partido que dirigió, cayó por igual marcador.
Almeida recibió insultos de los pocos aficionados (3.000 aproximadamente), desde que ingresó a la banca de suplentes, de donde no se atrevió a salir para dar instrucciones.
En cada cigarrillo que Almeida fumó, intentó calmar la ansiedad por terminar, al menos con un triunfo, su ciclo de seis meses en el Ídolo.
Encendió el primero no para festejar, sino para aplacar el coraje por el primer gol de Espoli cuando David Solari venció al otro abucheado por la fanaticada local, el arquero Gastón Sessa, a los 11 minutos.
“Oh, que se vayan todos, que no quede ni uno solo”, cantaban los hinchas canarios, mientras Almeida seguía atornillado en su silla moviendo tan solo sus manos para ordenar a una imprecisa defensa.
Una displicencia de Iván Hurtado fue aprovechada por Henry León, quien derrotó al ‘Gato’ Sessa (36’).
Espoli celebraba, y los últimos minutos de Almeida en Barcelona parecían eternos.
En la segunda etapa, con 10 jugadores por la lesión (esguince en el tobillo derecho) de Marcos Mondaini, Barcelona descontó con un tanto de Rolando Zárate, otro insultado por los seguidores locales.
Pero León con un cabezazo le puso final a la triste despedida de Almeida del Barcelona.
“El único culpable soy yo. No me voy decepcionado sino agradecido”, dijo Almeida, quien ratificó su renuncia al final del encuentro.