Omar de Jesús | Defensa de Barcelona
Es infaltable en cada entrenamiento de Barcelona escuchar su contagiante y ruidosa carcajada. Esa risa se enciende con un chillido en crecimiento y explota con un estruendoso “ayayay” acompañado de uno que otro “puta” o “chuta madre”. Es el humor del “Tío” Omar de Jesús Borja, el lateral derecho que alegra con sus bromas las prácticas más serias y concentraciones más aburridas.
¿Por qué tío?
Por un tío que tengo en Quito y que me recibió en su casa, a los 14 años, cuando llegué por primera vez a la Capital. Le dicen “Chigüilo” y en una reunión en el Aucas nos llamaron a los juveniles y nos preguntaron quién nos había ayudado a venir desde nuestros pueblos natales hasta Quito y yo respondí: mi tío “Chigüilo” y fue una gozadera del siglo porque dije como le gusta a mi tío que lo llamen no por su nombre que es Segundo Alcibíades (Borja Delgado).
¿Nunca hubo algún compañero mal pensado que escuchó que le decían tío por imaginar que tenía alguna hija buenota?
(Estalla una carcajada que alerta a sus compañeros en la concentración) Nooo, para nada, a él ya lo conocían en los entrenamientos porque me iba a ver jugar. Además es tío de otros futbolistas como Cléver Chalá, de los Guerrón (Joffre, Raúl y Hugo). Él se emocionaba porque lo llamaban por su apodo.
¿Y el tío “Chigüilo” jugaba fútbol?
(Otra carcajada) Nooo, ja, ja, ja ni en sueño. Creo que a él le ha gustado el ecuavolei.
¿Jugó con él?
Tuve la posibilidad de jugar contra él, entonces le di un gancho que fue al pecho y me dijo: no va más, me retiro, ja, ja, ja, no podía más porque ya pues tiene como 68 años.
Dejemos tranquilo al tío y háblenos de su llegada a Barcelona, ¿cómo lo recibieron?
Era obvio que iba a encontrar algo de recelo en algunos compañeros por ser nuevo, pero ya conocía a algunos en la selección; pero a los otros tenía que tantearlos, acercármeles y preguntarles cualquier cosa. Por ejemplo a Miller Bolaños le decía: oye loco tú juegas bien, eres recontra buen jugador y como que me tenía más recelo, pero igual le pedía jugar a dos toques y ahora somos los más bromistas.
¿Y del grupo hay otro con quien se lleve mejor para las bromas?
Claaaro, pero se fue hace poco y es mi primo también, es Edmundo Zura. Con Carlos Castro también nos llevamos chévere, Jairo Montaño, Pablo Palacios, Christian Lara, me llevo bien con los muchachos, sé cómo y hasta dónde hacer mis bromas.
¿Qué técnico fue víctima de su buen humor y sarcasmo?
Todos ja, ja, ja. Una vez a Homero Mistral Valencia, cuando dirigía Aucas, lo sorprendí. Había dos argentinos, Juan Carlos Bermegui y Raúl Antuña, en el equipo y estábamos concentrados en un hotel, los llamé al teléfono, hablé como argentino y les dije: che, tienen una propuesta de acá para jugar y bla, bla, bla. Luego supieron la verdad y me querían matar y el profesor Valencia me dijo que de cualquier persona podía esperar esa broma, menos de mí (sonríe).
¿Se reúnen las familias?
Todos los 31 de diciembre para jugar en el equipo La Familia, de los Guerrón, Borja y Chalá, y hacemos partidos en “La Bombonerita” en la cancha más conocida del mundo, debajo del puente del río Chota.
¿Cómo es ese árbol familiar?
A ver (sonríe y se rasca la cabeza), mi mamá es tía para la mamá de Cléver Chalá; el papá de Guerrón es hijo de la hermana de mi mamá, y de ahí salimos los Borja, Guerrón y Chalá.
Se muere del hambre por…
Los guandules, son frijoles pequeño del Chota, se los come con una rodajita de tomate, arroz y carnecita frita. Es lo máximo que puede existir.
Se casó muy joven…
Sí, a los 18 años, en 1994.
¿Cuál fue el apuro?
Tenía que aprovechar el fútbol, si no me quedaba sin pan ni pedazo porque la carpeta (señala su rostro) no da para mucho para conseguir una mujer bella como es mi esposa (Mayra con quien tiene 4 hijos).
¿Cómo la conquistó?
Con goles y evitando que los hagan en el arco de mi equipo. Con palabras amorosas, la sacaba a dar una vuelta.
Al estadio Atahualpa…
No (sonríe), al parque de La Carolina. Por primera vez fuimos al cine a los 18 años, creo que fuimos a ver Superman. Yo estaba asustado pero quería sorprenderla como que ya había ido al cine otras veces. Hasta que después llegó la prueba de amor (interrumpe el diálogo porque no puede parar de reírse).